Octavo Aniversario de la llamada a la Casa del Padre de Mons. Ortiz

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 El lunes 16 de noviembre se cumplieron 8 años de la llamada al cielo de Mons. Romualdo Ortiz Vega. Como acostumbramos, un nutrido grupo de sacerdotes y fieles estuvimos en el templo parroquial de Maricao, donde yacen sus restos, para celebrar la Eucaristía. 

 

En el templo parroquial de San Juan Bautista de Maricao está sepultado un insigne sacerdote, que vivió y murió en olor de santidad. Desde su partida al cielo somos muchos los que estamos convencidos que tenemos un hermano intercediendo por nosotros. La Diócesis de Mayagüez ha creado una comisión pro Beatificación de Mons. Romualdo Ortiz Vega. La Conferencia Episcopal de Puerto Rico dio el visto bueno para iniciar el proceso. Nuestro obispo Mons. Álvaro Corrada Del Rio S.J. ha pedido a la Congregación de la Causa de los Santos su aval para dar inicio formal a su causa. 

Desde su muerte hemos peregrinado al templo parroquial de Maricao sacerdotes y fieles para orar en su tumba e implorar su intercesión. Cada 16 de noviembre, día de su partida a la Casa del Padre, y cada 3 de junio, aniversario de su ordenación sacerdotal, subimos a la montaña a honrar su memoria y pedir nos presente ante el Jesucristo el Señor y su Madre la Virgen María. 

Siempre recordamos en Maricao momentos, anécdotas, hermosos recuerdos vividos junto a él en su vida terrena. Entre los signos que estuvieron siempre presentes en la vida de Mons. Romualdo Ortiz Vega hay que destacar su amor incondicional a Jesús en la Eucaristía y su ferviente devoción a la Virgen Madre de Dios y nuestra. 

Mons. Ortiz se levantaba siempre de madrugada, hacia las 2:30 a.m. e inmediatamente iba a adorar a Jesús en el Sagrario. Permanecía arrodilladlo ante el Tabernáculo hasta la salida del sol, cuando entonces tomaba un po de café, y volvía nuevamente al templo, esta vez al confesonario, para estar disponible a reconciliar a quien se acercara al Sacramento de la Misericordia. Cuantos pidieran consejo o se dirigiesen con el les recomendaba una permanente y auténtica devoción al Santísimo Sacramento, ser hombres y mujeres de sagrario. Antes de aconsejarlo el mismo era un signo de fiel devoción y amor a Jesucristo presente y vivo en la Eucaristía. 

 Igualmente su amor a la Virgen lo mostraba en un rezar sin cesar el Rosario. Solía tener en sus manos el Rosario, y siempre iba desgranando esa corona de rosas. Solo cuando celebraba la Misa no se le veía pasar las cuentas del mismo. También a todos recomendaba el rezo fiel del Rosario cada día, y un trato filial con la Virgen, poniéndonos bajo su amparo. 

 Pedimos a cuantos tengan datos, anécdotas, cartas o cualquier recuerdo que sea apropiado que lo envíen por escrito con su firma al Obispado de Mayagüez, Proceso Beatificación Mons. Ortiz.  Al Apdo. 2272, Mayagüez, PR. 00608. Agradeceremos Toda colaboración.